“No es signo de buena salud estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma.”
— Jiddu Krishnamurti

Hace bastante tiempo que soy una fiel consumidora de podcasts.
Me gusta escucharlos porque aprendo mucho de las personas entrevistadas y también de quienes entrevistan.

Suelo ponerme los auriculares por las mañanas, cuando saco a Tao (mi perro) por el campo, y me zampo un episodio entero de hora y media sin problema.

Pero esto no es lo importante hoy.
Te lo cuento solo para que sepas que, cuando en estas reflexiones diga «un día escuché» o «un día oí», probablemente fue una de esas mañanas de podcast entre naturaleza, pasos y pensamientos.

Una vez escuché que en la actualidad hay una especie de epidemia de personas con depresión o ansiedad, y que los psicólogos están desbordados.
Especialmente después de la pandemia, que parece haber multiplicado la demanda y también el número de personas que padecen este tipo de «trastornos» o «enfermedades».

Y el entrevistado (o entrevistada), que era psicólogo o psicóloga, decía que hacían falta más profesionales del sector para poder atender a tanta gente.
Y yo pensé: tiene toda la razón.
De hecho, yo también lo pensaba en ese momento.
Y asentí con la cabeza, como diciendo: claro, claro, eso es lo que necesitamos.

Pero ¿sabes qué? Hoy ya no estoy tan segura de eso.

Me doy cuenta de que muchas de estas “enfermedades” son, en realidad, consecuencia de una profunda desconexión del ser humano.
Y que lo que realmente falta… es conexión.

Conexión con uno mismo, con los demás, con la vida, con la tierra, con el propósito.

Y para volver a esa conexión real, necesitamos cambiar la raíz, no solo poner parches.
Criar con conciencia, relacionarnos desde lo que somos, no desde lo que se espera que seamos.

Creo que la solución no está solo en formar más profesionales de la salud mental, sino en reconocernos como seres humanos desde la infancia, en valorar lo que realmente importa, y en educar y acompañar a las personitas que traemos al mundo desde la conexión con lo que son…
No desde lo que se espera de ellos para que encajen en una sociedad que, por cierto, está completamente perdida.

Porque lo que nos enferma, muchas veces, es el sinsentido.

Y yo creo profundamente que necesitamos volver a conectar con nuestra naturaleza… y con la de los demás.
El ser humano es un ser de encuentro.
Sin el encuentro, sin los otros, nos quedamos solos. Y tristes.
Quizás por un tiempo podamos autoengañarnos, hacer ver que no pasa nada.
Pero no por mucho.

Yo quiero estar contigo.
Y contigo.
Quiero compartir, formar parte, sentir que soy valiosa para ti y para el mundo.

Eso sí tiene sentido.
Todo lo demás… es ruido.

Dejemos de vivir en el sinsentido.
Y recordemos que la salud —la de verdad— está en el encuentro.